
La Generalitat de Catalunya y la Unión Temporal de Empresas (UTE) encargada de construir y gestionar el futuro polideportivo Sant Jordi ya negocian la rescisión del contrato para no llevar a cabo las obras del futuro complejo situado entre la Avinguda Andorra y la Rambla Lluís Companys.
Así lo aseguraron ayer al Diari fuentes de la Secretaria General de l’Esport de la Generalitat, las cuales manifestaron que «aún se desconoce» el proceso que se llevará a cabo para readjudicar unas actuaciones largamente reivindicadas por los tarraconenses.
Los problemas de Caña y Caña Construcciones, Essencial Wellness, ADD Xavier Claramunt y Edificaciones y Reparaciones Tarraco –las empresas encargadas de realizar el proyecto– para lograr la financiación de los 20,1 millones que costaría el ambicioso proyecto adjudicado en septiembre de 2008 han sido el factor que ha causado que la compañía, finalmente, no pueda afrontar la inversión prevista hace 32 meses.
Acelerar el proceso
La gran duda legal que en estos momentos tiene sobre la mesa el Govern es cómo no eternizar el proceso administrativo para volver a adjudicar las obras. En teoría, lo más rápido sería encargar las actuaciones a la empresa que quedó en segundo lugar en el concurso público que se llevó a cabo para decidir la firma encargada de gestionar la reforma del complejo. Sin embargo, en esa convocatoria cada compañía presentó su propio dibujo, por lo que ahora esta empresa debería construir y gestionar un proyecto que no era el suyo. Por esto, la posibilidad que a día de hoy cuenta con más posibilidades es que se vuelva a convocarse el concurso público.
Fuentes jurídicas consultadas por este periódico aseguraron que lo mejor sería «resolver el concurso», ya que otorgar las obras a la segunda clasificada en el concurso anterior «presenta serias dudas de carácter administrativo».
Sin embargo, el alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros (PSC), no es partidario de volver a reiniciar todo el proceso. «Si al final se vuelve a convocar el concurso, esto significará que aún tardaremos tres años más en ver obras», lamentó.
‘Que lo hagan por fases’
Es por eso que, a juicio del máximo responsable municipal, lo mejor sería que se hiciera el proyecto ya adjudicado en distintas fases.
«De esta forma –añade Ballesteros–, se haría primero el pabellón polideportivo y la piscina cubierta, y el resto de instalaciones se dejaría para más adelante», explicó el político socialista, quien remarcó que la corporación local dará «todas las facilidades» para el otorgamiento de la licencia y de las autorizaciones pertinentes.
«La empresa encargada tenía dificultades para lograr el total del proyecto, pero si la obra se hace por fases, sí que podría llevar a cabo la parte más importante», afirmó el alcalde, quien considera como «secundario» el edificio previsto para las federaciones.
Sobre la hipotética implicación del Ayuntamiento en las obras (como ya ha hecho con la nueva Escola Oficial d’Idiomes en la Chartreuse, donde adelanta el dinero para luego cobrarlo a la Generalitat), Ballesteros indicó que la administración municipal «está dispuesta» a hablar con la Generalitat de Catalunya. «Hablamos de ello hace meses con el Delegat del Govern, Joaquim Nin. Estamos esperando una respuesta, pero si nos lo piden, colaboraremos con tal de acelerar la construcción del equipamiento», remarcó el político del PSC.
«Si pese a nuestra oposición al final se debe volver a convocar el concurso, entonces pediremos la cesión de los terrenos para ubicar allí un aparcamiento disuasorio hasta que se inicien las obras», explicó Ballesteros. Esta opción también es defendida por CiU.
‘Queremos lo que teníamos’
El presidente de la Asociación de Vecinos Tarraco, Jacinto Picó, lamentó que «hace dos meses mantuvimos una reunión con el Delegat del Govern y nos dijo que nos tendría puntualmente informados. Sin embargo, vemos que ha hecho varias declaraciones en los medios de comunicación, pero a nosotros no nos ha vuelto a decir nada».
A juicio del portavoz de los residentes de la zona, «lo mejor sería que ahora diseñaran un proyecto menos ambicioso y más realista con los tiempos de crisis en los que nos encontramos. No pedimos nada del siglo XXX, sino que sólo queremos lo que tuvimos hasta el año 2004».